El horizonte es pura ilusión, espejismo causado
por el engaño de nuestros sentidos. A medida que queremos atraparlo se
desdibuja detrás de espirales de colores y nubes remotas por las que se desliza
y se escapa. El movimiento es constante, las fantasías se transforman. Hay
niebla, huellas sumergidas y presagios de vapor.
En
estas imágenes pobladas de incertidumbre, de intemperie las huellas de
fragmentos de vida que
coinciden con una realidad que se transmuta permanentemente. Los seres
que aparecen juegan entre salvarse y
perderse en sí mismos o ser seres de
otros mundos. Entre permanecer o moverse. Algunos parecen duendes o ánimas
sueltas. En este enigma de acordes imprecisos,
la vida en última instancia es lo que el actor decide. Lo vital sopla alrededor
de un sueño, danzando entre verdad y verosimilitud. Nos atrae, nos seduce, nos
permite seguir teniendo ilusiones.
Este
lúdico ritmo de buscar y creer encontrar para luego comenzar, entretiene a la
angustia existencial.
SOLEDAD PEREDA









